MENTE, CORAZÓN Y OJO. Fotografías de Paco Sánchez Rodríguez y mucho más

así definía Henri Cartier Bresson la fotografía, y yo quiero mostrar mis fotografias y algo más. evidentemente me quiero expresar con mis fotografías y utilizar más cosas (textos) ya sean míos o de mi "entorno" cercano o lejano

Dos artículos del boletín último de ATTAC-info

STEPHEN HAWKING SOBRE EL FUTURO DEL CAPITALISMO, LA DESIGUALDAD… Y LA RENTA BÁSICA

y (LA POBREZA MUNDIAL: LOS ERRORES DEL NOBEL DE ECONOMÍA)

Conor Lynch

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El pasado jueves, el reconocido físico y cosmólogo Stephen Hawking, dejó caer una verdadera bomba sobre el capitalismo y el futuro de la desigualdad. Con los rápidos avances tecnológicos de las últimas décadas (por ejemplo, la tecnología informática, la robótica), hemos visto crecer las desigualdades económicas a un ritmo alarmante, y como una especie de clase plutocrática de propietarios – es decir, los capitalistas – se volvían inmensamente ricos. Hawking cree que, si las máquinas no terminan por reemplazar el trabajo humano y produciendo todos nuestros productos, y continuamos la actual vía neoliberal, estamos en camino de convertirse en una suerte de distopía con una clase de grandes propietarios, con una riqueza inconmensurable, y una clase inferior de desposeídos – es decir, las masas – que vivirán en la pobreza extrema. En una sesión de “pregúntame lo que quieras” de Reddit Hawkins escribió:

“Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo podrá disfrutar de una vida de lujo ociosa si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito contra la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología provocando cada vez mayor desigualdad”.

La sustitución del trabajo humano por máquinas ha sido siempre uno de los temores de la clase trabajadora. Al inicio de la revolución industrial, ese miedo dio lugar a una reacción violenta de los trabajadores conocida como el movimiento ludita: en Inglaterra, los trabajadores textiles protestaron contra los despidos y las dificultades económicas destruyendo equipos industriales y fábricas. Hoy en día, ocurre de nuevo con la eliminación de muchos puestos de trabajo fabriles previamente estables en ciudades como Baltimore y Detroit, sustituidos en gran medida por la automatización. Este tipo de innovación tecnológica que tiene lugar en toda la historia del capitalismo es lo que Joseph Schumpeter llamó la “destrucción creativa”, que describió como un “proceso de cambio industrial que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo sin cesar la antigua, creando incesantemente una nueva”. Schumpeter llamó a este proceso “la característica esencial del capitalismo”.

La destrucción creativa siempre ha resultado hasta ahora positiva para la sociedad. Aunque que las innovaciones eliminan puestos de trabajo para muchos, las nuevas tecnologías han creado históricamente nuevas industrias y nuevos empleos con ellas. Este proceso inherente del capitalismo aumenta rápidamente la productividad del trabajador y por lo tanto hace que los que eran hasta entonces bienes de lujo pasen a estar al alcance de sectores más amplios de la población. Las nuevas tecnologías ayudan a producir muchos más productos, que aumentan la oferta y empujan hacia abajo el precio para satisfacer la demanda.

Como he dicho anteriormente, históricamente, la destrucción creativa termina produciendo nuevos puestos de trabajo después de la eliminación de los antiguos. Pero actualmente podríamos estar tomando otra dirección, y la tecnología estaría eliminando más puestos de trabajo que los que crea. Nada ejemplifica esto mejor que los “tres grandes” fabricantes de automóviles en 1990 (GM, Ford, Chrysler) en comparación con las tres grandes empresas de tecnología de hoy en día. En 1990, los fabricantes de automóviles estadounidenses obtuvieron $ 36 mil millones en ingresos en total, y emplearon a más de un millón de trabajadores, en comparación con Apple, Facebook y Google hoy en día, que en conjunto consiguen más de un billón de dólares en ingresos pero, sin embargo, sólo emplean 137.000 trabajadores.

Y ¿qué ocurre con la industria manufactura estadounidense en comparación con el sector financiero? Desde la década de 1950, el sector financiero ha pasado de alrededor del 10 por ciento de las ganancias de las empresas nacionales a cerca del 30 por ciento actual (con un máximo de 40 por ciento a principios de siglo), mientras que la industria manufacturera ha caído de cerca del 60 por ciento de los beneficios empresariales a alrededor del 20 por ciento. Pero lo realmente revelador son los puestos de trabajo en EE UU de cada sector. El empleo en la industria financiera se ha mantenido bastante estable en los últimos sesenta años, menos de un 5 por ciento, mientras que la industria manufactura se ha reducido de un 30 por ciento a menos del 10 por ciento. Esto tiene mucho que ver con la financierización de la economía estadounidense, pero también con el aumento de la automatización. Y esta tendencia se va a acentuar. Según un estudio de la Universidad de Oxford de 2013, hasta el 47% de los puestos de trabajo podrían ser informatizados en los próximos 10 o 20 años.

La clase media ha sido la más afectada en los últimos decenios, y lo continuará siendo duramente en las próximas décadas a este ritmo. De 1973 a 2013, por ejemplo, los salarios medios de los trabajadores sólo aumentaron un 9,2 por ciento, mientras que la productividad creció alrededor del 74,4 por ciento. Compárese esto con el período de post-guerra (1948-1973), en el que la productividad aumentó en un 96,7 por ciento y los salarios de los trabajadores el 91,3 por ciento. Al mismo tiempo, el uno por ciento de los salarios más altos han crecido un 138 por ciento desde 1979, mientras que la clase propietaria ha visto aumentar su riqueza a un ritmo acelerado. A finales de la década de los 70, el 0,1 superior poseía solo el 7,1 por ciento de la riqueza de los hogares en Estados Unidos, mientras que en 2012 esa cifra se había más que triplicado hasta el 22 por ciento, que es aproximadamente lo mismo que posee el 90 por ciento inferior de los hogares. Piénselo. El 0,1 por ciento de la población posee tanta riqueza como el 90 por ciento.

Estamos, como Hawking ha dicho, ante dos posibilidades. El futuro puede implicar aún más desigualdad si la tecnología sigue reemplazando la mano de obra y deja a las masas desempleadas y desposeídas (en la actualidad, esto parece lo más probable), o, si la riqueza se distribuye de manera más uniforme, todo el mundo puede disfrutar del “lujo ocioso”, o como lo describió célebremente Karl Marx:

“En la sociedad comunista, en la que nadie tiene una esfera exclusiva de actividad, sino que cada uno puede realizarse en el campo que desee, la sociedad regula la producción general, haciendo a cada uno posible el hacer hoy una cosa y mañana otra distinta: Cazar por la mañana, pescar después de comer, criar ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena; todo según sus propios deseos y sin necesidad de convertirse nunca ni en cazador, ni en pescador, ni en pastor, ni en crítico”.

El influyente economista John Maynard Keynes, creía que el futuro del capitalismo (en contraposición al socialismo o el comunismo, como Marx creía) brindaría esa existencia tranquila a los seres humanos. En su ensayo de 1930, “las Posibilidades económicas de nuestros nietos”, predijo que el crecimiento y los avances tecnológicos que el capitalismo proporcionaba reducirían la semana laboral media a las quince horas en un siglo, por lo que que hacer el tiempo libre se convertirá en nuestra mayor preocupación. Sobre el dinero, Keynes adelantó una esperanzada predicción con su animada prosa habitual (salvo en su Teoría General, excepcionalmente árida).

“El amor al dinero como posesión -para distinguirla del amor al dinero como un medio para la satisfacción de las necesidades y los placeres de la vida -será reconocido como lo que es, una morbilidad algo repugnante, una de esas tendencias semi-criminales, semi-patológicas que se dejan con un estremecimiento en manos de los especialistas en enfermedades mentales “.

Keynes hizo algunas predicciones proféticas en su día, pero esta no fue una de ellas. Hoy en día, parece que el análisis de Marx del capitalismo se adapta mejor a las grandes desigualdades económicas y la movilidad global del capital.

Sin embargo, nada está escrito en piedra. El auge de Bernie Sanders, por ejemplo, revela un creciente movimiento dispuesto a combatir el status quo neoliberal que ha llegado a dominar la política estadounidense (y mundial). Si la economía continúa su camino actual, la distribución de la riqueza ya no será sólo una cuestión moral sobre el nivel de desigualdad que como sociedad estamos dispuestos a aceptar, sino una cuestión de estabilidad política y económica. La propiedad del capital en última instancia, determinará ese futuro, pero hay otros movimientos e ideas políticas con ese futuro en mente, como la renta básica universal, gracias a la cual a todos los ciudadanos, una vez que llegan a cierta edad, se les proporcionaría un ingreso, que permitiría probablemente sustituir las redes de seguridad tradicionales. Suiza puede ser el primer país en adoptar esta política, y la votación probablemente tendrá lugar en 2016. El plan propuesto proporcionaría un ingreso mensual garantizado de $ 2.600 o $ 31.200 al año; en otras palabras, lo suficiente para que todo el mundo pueda sobrevivir y llevar a cabo un trabajo que realmente le satisfaga. Para la derecha a punto de gritar la palabra que empieza con M, hay que señalar que muchos conservadores e incluso libertarios, como FA Hayek, han apoyado esta idea. [1] Tiene una sorprendente historia de apoyo bipartidista, y podría, por lo menos, evitar la pobreza extrema en el futuro, si los robots y la tecnología de la información continúan sustituyendo empleos humanos.

La creciente desigualdad en todo el mundo ya no puede ser ignorada, y hacer frente a este y a otros problemas del capitalismo, como la degradación del medio ambiente, no sólo es moralmente correcto, sino lo más pragmático que se puede hacer.

Nota de la R.: [1] Hayek nunca defendió la Renta Básica, sí una renta mínima de inserción o, en todo caso, una renta garantizada condicionada.
Conor Lynch es un escritor y periodista que vive en la ciudad de Nueva York. ha publicado en en Salon, Alternet, The Hill, y CounterPunch.
Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/10/15/stephen-hawkings-on-the-tuture-of-capitalism-and-inequality/
Traducción: G. Buster

LA POBREZA MUNDIAL: LOS ERRORES DEL NOBEL DE ECONOMÍA

Vicenç Navarro.

image010El otorgamiento del mal llamado Premio Nobel de Economía (mal llamado pues no lo otorga la Fundación Nobel, sino un banco) al profesor escocés de la Universidad de Princeton, el Sr. Angus Deaton, debido a su trabajo sobre la pobreza mundial, se ha considerado (correctamente) como un indicador de la preocupación que un gran número de organismos internacionales están expresando sobre el crecimiento de la pobreza en el mundo, y su alivio de que, según la opinión optimista del Sr. Deaton, tal realidad es reversible, siendo posible que, incluso dentro del ordenamiento capitalista actual de los sistemas económicos vigentes en la mayoría de países donde se concentra la pobreza, esta puede eliminarse. Según el nuevo Premio Nobel de Economía, se necesitaría una transferencia de fondos –relativamente menor- de los países ricos a los países pobres, junto con cambios en estos últimos, con mayor número de campañas educativas dedicadas a su población, lo que sería suficiente para que millones de personas dejaran de ser pobres. En realidad, el Sr. Deaton considera que el aumento de la escolarización ha sido el mayor motor de progreso a lo largo de los siglos, y la mayor causa de la reducción de la pobreza y del mejoramiento del bienestar de la población. Un indicador de ello ha sido el aumento de la longevidad (años de vida que una persona vivirá), que él atribuye al crecimiento de la población que tiene educación, lo cual, según el Sr. Deaton, permite a los pobres conseguir lo que se llama el capital humano, que les permitiría salir de la pobreza y ascender en la escala social.

Esta visión y entendimiento de la pobreza es ampliamente aceptada en un gran número de instituciones internacionales (que incluyen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como una gran parte de ONGs e instituciones gubernamentales y partidos políticos de sensibilidad conservadora y liberal -sin excluir partidos políticos de tradición socioliberal, como es el caso de varios partidos socialdemócratas europeos, incluyendo, por cierto, el PSOE-). En todas estas instancias, aumentar el gasto educativo se considera condición sine qua non para eliminar la pobreza.

¿Cuál es el problema con esta definición de pobreza?

Esta visión de la pobreza, sin embargo, tiene varios problemas. Uno es definir pobreza en función del número de recursos que el individuo tiene. Este nivel de recursos se consideró por mucho tiempo que era de un poco más de un dólar al día, y que ahora ha subido a 1,9 dólares al día. Por cierto, hay que aclarar que lo que se presenta como un dólar al día no es, en realidad, un dólar al día. Para muchísimos países de un bajo nivel de riqueza, el hecho de que una persona tenga un dólar al día se consideraría que tal cantidad es más que respetable para poder vivir sin ser pobre. Ahora bien, cuando el Banco Mundial habla de un dólar al día no quiere decir que la persona tenga a su alcance un dólar estadounidense, sino que tiene la cantidad de moneda existente en el país donde vive el pobre que este necesita para poder comprar los mismos productos que se pueden comprar en EEUU con un dólar. Si en EEUU con un dólar se puede comprar una barra de pan, pues el dólar por día en la India quiere decir la cantidad de moneda india, la rupia, que se necesita para comprar una barra de pan. Esta cantidad, como he dicho antes, ha ido aumentando, pasando de 1,25 dólares al día (1.200 millones de personas, de los cuales un tercio, 400 millones son niños) a casi 2 dólares.

¿Está descendiendo la pobreza en el mundo?

En base en este criterio, se asume que el número de pobres está disminuyendo, pues hay menos gente cada año que está en esta categoría. Pero se ignora frecuentemente que ello se debe al gran crecimiento económico de India y China, que juntos suponen algo más de un tercio de la población mundial. Pero en esta nota optimista se olvida que en otras partes del mundo, como en África, hay más personas que viven en extrema pobreza ahora que hace 30 años (no solo en números absolutos, sino también en términos proporcionales).

El mayor problema, sin embargo, en esta definición de pobreza, es la manera como se conceptualiza la pobreza, la cual se define como mera ausencia de recursos. Según esta conceptualización, el problema de la pobreza es la falta de recursos por parte del individuo que es pobre. Esta definición parece razonable, pero contiene un gran error, pues se centra única y exclusivamente en los recursos que la persona tiene, sin tener en cuenta los recursos existentes en la colectividad a la cual pertenece y de los cuales la persona se beneficia. El valor de subsistencia de un dólar por día para una persona es muy distinto en una sociedad que tenga sanidad pública, por ejemplo, que en una sociedad en que el individuo que tenga que pagar para acceder al sistema sanitario. El contexto en el que vive la persona es de especial importancia para saber qué recursos tiene una persona, pues a los recursos privados (el dólar por día) hay que añadir los recursos públicos. Ni Angus Deaton ni el Banco Mundial toman en cuenta los recursos públicos que pueden condicionar que un individuo teniendo los mismos recursos privados pueda o no ser pobre, dependiendo de otros recursos de carácter público existentes en su sociedad. La definición de pobreza que ellos dan da excesiva importancia a los recursos privados, excluyendo los públicos, fijándose solo en la cantidad de recursos que el individuo puede comprar con el dinero que tiene. Esta visión privatizadora y mercantil de la pobreza es una visión sesgada que dificulta la comprensión de la pobreza.

La pobreza es un concepto relacional

Pero a este error hay que sumarle otro, consecuencia también de centrarse en el individuo sin analizar su relación con los otros individuos en la misma colectividad. Dos personas con el mismo número de recursos monetarios pero viviendo en dos países distintos pueden catalogarse como pobres en una sociedad y dejar de serlo en la otra. Que se definan como pobres o no depende de la cantidad de dinero que el individuo tenga en relación con los demás individuos en aquella colectividad. En otras palabras, la pobreza es un concepto relacional. En realidad, si todas las personas del mundo fueran pobres, no habría pobreza en el mundo, pues al no haber otras personas con otros niveles de recursos, la persona no se sentiría ni sería pobre. La pobreza, pues, depende del contexto en el que vive la persona definida como pobre. Veamos los datos.

Una persona pobre en el barrio pobre del Bronx en Nueva York, EEUU, tiene más recursos físicos y monetarios (televisión, dólares, coche, móvil, mayor espacio de vivienda, transferencias públicas de tipo asistencial, etc.) que una persona de clase media en Ghana (África). Si el mundo fuera una sociedad, el pobre del Bronx, Nueva York, EEUU, pertenecería a la clase media mundial, y la persona de clase media de Ghana pertenecería a la clase pobre mundial. Y, sin embargo (y esto es de una enorme importancia), utilizando incluso el mismo indicador que utiliza Deaton (la esperanza de vida –longevidad- para definir progreso) nos encontramos con la situación paradójica de que el pobre a nivel mundial (la persona de clase media de Ghana) vive 15 años más que la persona de clase media a nivel mundial (el pobre del Bronx). Parece paradójico que el que tiene más recursos (la persona del Bronx) y es menos pobre a nivel mundial, tenga menos años de vida que el otro (el africano de clase media) que tiene menos recursos. Y es ahí donde fallan las teorías de Deaton y de la mayoría del establishment antipobreza, que cree que pobreza es un problema individual de falta de recursos que además se puede resolver a base de educación.

La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo

La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo. Que seas pobre o no y que se te defina como que seas pobre o no, depende de dónde estés ubicado en la estructura social de un país. No se puede tomar al individuo fuera del contexto económico, político y social donde vive. Y ello nos lleva a la raíz del problema que no es la falta de recursos sino la manera como están distribuidos. La distribución de los recursos a nivel nacional, así como a nivel internacional es el tema fundamental que la sabiduría convencional sobre la pobreza reproducida por el Banco Mundial y el Sr Deaton no toca.

Una persona pobre del Bronx en EEUU está en el fondo de la sociedad, una sociedad profundamente desigual y enormemente polarizada en la que existe poco apoyo colectivo (el Estado del Bienestar en EEUU es muy deficiente, como lo muestra que el 48% de pacientes con enfermedades terminales -es decir, que se están muriendo- estén angustiados por saber cómo pagarán –ellos o sus familias- sus facturas médicas). Es más, este pobre del Bronx está enormemente frustrado, pues la distancia social y económica de él o ella con el promedio de la sociedad estadounidense es enorme, con lo cual se ve abrumado y con pocas posibilidades de salir del fondo del pozo, lo cual crea una gran frustración y patología, responsable de su menor longevidad. La persona de clase media en Ghana, por el contrario, no está por debajo, sino por encima del promedio de la sociedad en la que vive, y por lo tanto, no tiene esta frustración y alienación frente al resto de la sociedad como resultado de la ausencia de una distancia difícil de corregir, algo que sí le ocurre al pobre del Bronx.

Es ahí donde el énfasis en transferir rentas a los pobres para resolver la pobreza es insuficiente. Es conocido entre los expertos en política social que gran parte de las medidas antipobreza que están basadas en la transferencia de fondos públicos de carácter asistencial tienen escasa eficacia en resolver dicha pobreza. Toda la evidencia existente muestra que tales transferencias públicas a las poblaciones pobres, aun cuando necesarias para aliviar la pobreza, son ineficaces para resolver esta en un país. Un tanto parecido ocurre con el énfasis en la educación como medida para salir de la pobreza. Son medidas necesarias, pero insuficientes. Lo que se requiere para eliminar la pobreza son medidas públicas altamente redistributivas, que reduzcan las distancias económicas , financieras, políticas, mediáticas y sociales, que son las causas de la pobreza . La evidencia es abrumadora en este sentido. A mayor desigualdad en un país, mayor es su pobreza. De ahí que lo que se requiere para eliminar la pobreza es la redistribución de los recursos en un país, encaminada a reducir las desigualdades, el tema que es precisamente tabú de los organismos internacionales.

De lo dicho hasta ahora, se debe concluir que enviar dinero de los países ricos a los pobres no ayuda a disminuir la pobreza, a no ser que estos recursos se dedicaran a medidas redistributivas, que raramente tienen lugar. En realidad, si los países ricos quisieran ayudar a eliminar la pobreza en los países pobres, lo podrían hacer fácilmente, ayudando a redistribuir la enorme concentración de la riqueza que existe en aquellos países. Que no lo hagan es porque muy frecuentemente son los mayores aliados de aquellas estructuras de poder que controlan y se benefician de la concentración de la riqueza en dichos países. El lector entenderá también porque las tesis expuestas en mi artículo no tienen la visibilidad que tienen las del Sr. Deaton o del Banco Mundial, pues las primeras, con su énfasis en la redistribución, amenazan a los grupos de mayor riqueza en un país que tiene gran influencia, cuando no control, de los mayores medios de información y persuasión del país. Así de claro.

Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 3 de noviembre de 2015.

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